Gracia en Cristo: EL VINO NUEVO Y LOS ODRES NUEVOS

martes, 7 de julio de 2009

EL VINO NUEVO Y LOS ODRES NUEVOS


Lucas 5:36 Les dijo también una parábola: Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; pues si lo hace, no solamente rompe el nuevo, sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán. Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conservan. Y ninguno que beba del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor.

Hablemos primeramente del vestido:

1Crónicas 15:27 Y David iba vestido de lino fino, y también todos los levitas que llevaban el arca, y asimismo los cantores; y Quenanías era maestro de canto entre los cantores. Llevaba también David sobre sí un efod de lino.

Gálatas 3:27 porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.

El vestido nuevo es la muerte y resurrección de Cristo, es la obra de Cristo que nos cubre y nos presenta como justos delante de Dios.

Apocalipsis 19:8 Y a ella (a la esposa del cordero, a la iglesia) se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos.

Estas acciones justas que menciona Apocalipsis son la obra buena de Hebreos 13:20 que es la obra de Dios en nosotros por medio de Jesucristo.

Hebreos 13:20 Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Entonces son las obras de Dios por medio de Cristo, ya que como dijo Pablo a los Gálatas:

Gálatas 2:20 Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Esto significa que no podemos presentarnos delante de Dios por nuestras propias obras, con nuestra propia vida, ni por nuestros méritos. Tampoco podemos intentar mejorar un poco nuestra situación con parches de bondad o con algunas buenas obras sobre nuestra vida natural, ya que esto hace vana la cruz de Cristo y no puede tapar o disimular nuestra condición, más bien la empeora.

Mateo 9:16 Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura.

De este vestido nuevo podemos decir entonces que no sólo son las obras en Cristo, también es Cristo mismo.

1Corintios 15:53 Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.

El vestido viejo es lo que menciona Isaías, nosotros y nuestras obras.

Isaías 64:6 Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.

Aún en esta condición hay personas que desean vestir bien para lo cual apelan a sí mismos

Proverbios 30:12 Hay generación limpia en su propia opinión, Si bien no se ha limpiado de su inmundicia.

Entonces no existe una forma de presentarnos sin mancha, sólo una persona, en Cristo podemos ser considerados sin mancha.

Hebreos 9:14 ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo? Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna.

Interviniendo muerte, llegamos finalmente al centro de la parábola, interviniendo muerte. La vida perfecta de Cristo, su muerte y resurrección nos son necesarias para heredar la vida eterna por la fe. Su vida perfecta nos es necesaria porque Él cumplió el requisito de Dios, un cordero perfecto, sin mancha. Su muerte nos es necesaria porque Él pagó el precio de nuestros delitos y transgresiones, y su resurrección nos es necesaria porque ahora vive Él y no mas yo, y su vida es la que se manifiesta en nosostros.

Hasta aquí la parábola habla del aspecto sustitutivo de la vida, muerte y resurrección de Cristo. Este es el lado representativo de Cristo, Él vivió una vida perfecta, murió y resucitó en nuestro lugar para que seamos "considerados" justificados y justos delante de Dios.

Ahora viene el lado inclusivo de Cristo. Es decir no solo estoy representado por Cristo, también estoy en Él y experimento en Él lo que Él experimentó.

2Corintios 5:14 Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

Romanos 6:3 ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? (sumergidos en Cristo Jesús, incluídos en su muerte)

Romanos 6:11 Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. (Ahora no sólo incluidos en su muerte, muertos al pecado, también incluidos en su vida)

1Corintios 15:22 Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. (y no solo incluidos en su vida y en su muerte, también en su resurrección)

2Corintios 5:17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. (el vestido viejo pasó, la creación natural, ahora somos creación celestial en Cristo).

Efesios 2:10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. (ahora habla de la creación celestial, creados en Cristo Jesús, ya no creados en Adán, en la carne)

Una vez que entendimos la muerte y resurrección espiritual del cristiano en Cristo con su aspecto sustituvivo e inclusivo, podemos hablar de los odres. El vino nuevo es la sangre de Cristo, el nuevo pacto, es la vida de Cristo, la vida nueva y eterna. El vino nuevo tiene que respirar, es decir, permitir a la Palabra (que es Cristo el verbo hecho carne), dirigir el crecimiento de Cristo en el creyente y en la Iglesia, y los odres somos nosotros.

Comer la carne de Cristo es creer en su Palabra (fidelidad a la Verdad), y beber su sangre es recibir su Espíritu, como la tierra bebía o recibía la sangre de la ofrenda del sacrificio.

Juan 6:56 El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
Juan 6:63 El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.

Cuando Job profetizó sobre Cristo, él utilizó el concepto del odre nuevo que se rompe y el vino que se derrama que podemos interpretar como siendo la imagen del sacrificio de Cristo en la cruz. Cristo es el odre nuevo que derrama su sangre (su vida).

Job 32:19 De cierto mi corazón está como el vino que no tiene respiradero, Y se rompe como odres nuevos.

Lucas 22:20 De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.

En la profecía de Job, Cristo es el odre nuevo que se rompe de la manera que Cristo explicó, este rompimiento voluntario era necesario por nosostros, para nuestra redención.

Juan 10:17 Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.

En nuestro caso nosotros somos los odres nuevos en los que hay que echar el vino nuevo. El odre viejo (viejo hombre u hombre natural) no puede recibir la vida de Cristo, primeramente debe ser crucificado juntamente con él, y entonces siendo un odre nuevo, recibir la vida de Cristo y la llenura del Espíritu.

Romanos 6:6 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.

De esta forma, la vida de Cristo conserva al odre (lo preserva de la destrucción venidera, le dá vida nueva, lo hace una nueva creación, le da vida eterna) y el odre contiene la vida de Cristo dentro de sí. También comienza un proceso de maduración, de oír la voz del Espíritu, de ser instruidos y guiados por la palabra de Dios, de crecer en la fe del hijo de Dios conforme vemos en Efesios:

Efesios 4:12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.

Así el cuerpo de Cristo se edifica, madura, crece, no sólo el cristiano individual, sino la Iglesia, el Cristo corporativo, "hasta que todos lleguemos" a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, el odre se va distendiendo, hinchando, realizando un intercambio entre el aire, el vino y el odre hasta llegar a su plenitud, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.

Ahora sí, Dios puede probar y aprobar el resultado final, el vino añejo, el mejor. Esto nos muestra el primer milagro de Jesús en las bodas en Caná de Galilea:

Juan 2:9 Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo, y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora.